El típico argumento falaz que hasta el día de hoy usan los socialistas, también eran usados antes, desde que Ludwig von Mises demostró científicamente en ese libro, que el régimen de planificación socialista es imposible, y como podrán ver, su imposibilidad no sólo ha sido demostrado científicamente por Mises, pues antes de aplicar su sistema en la devastada Venezuela, también provocó desastre y decadencia en Cuba, Rusia, la China de Mao entre algunos de sus experimentos.

En este fragmento, Mises retrata muy bien la reacción de los socialistas cuando Mises, junto con otros estudiosos, derrumbaban la idea de si un sistema socialista era viable en la realidad.

Aquél que llega a estudiar el socialismo con criterio científico es proscrito como defensor de malos principios, como malhechor, mercenario a sueldo de los intereses particulares, egoístas, de una clase social nociva para el bien público, como ignorante. Porque —y esto es lo que hay de curioso en tal manera de pensar — las conclusiones de la indagación, esto es, si el socialismo o el capitalismo sirve mejor al bien público, están decididas desde el principio como cosa resuelta, por un acto de fe puro y simple en favor del socialismo y en reprobación del capitalismo. Éstos no son argumentos que se opongan al resultado de los trabajos de la economía política, sino esa «emoción moral» de que hablaba la invitación al Congreso de Eisenach, en 1872, y a la cual recurren siempre los socialistas y los estatistas, porque nada tienen que contestar a la crítica que la ciencia hace de su doctrina.

Ludwig Von MIses – Socialismo: análisis económico y sociológico.