“El término liberalismo se identifica con un paradigma político que afronta el problema de la diversidad humana defendiendo instituciones que permitan la coexistencia de distintas creencias y modos de vida. El liberalismo acepta la pluralidad de modos de vida, la multiplicidad de valores religiosos y morales en un mundo moderno y promueve la tolerancia. El liberalismo se diferencia de otras filosofías políticas en que rechaza la idea de un orden social orgánico y espiritualmente unificado, dentro del cual los intereses de los individuos se alinean en perfecta armonía con los intereses de la comunidad. Los individuos poseen fine distintos y no existe un único objetivo que todos tengan la obligación de compartir”.

Chandran Kukathas.

 

 

Para apreciar mejor el asunto, los liberales partimos del individualismo, es decir, de personas con intereses, emociones, con planes vitales que se propongan llevar a cabo, en contraposición al colectivismo, que suprime al individuo analizándolo desde grupos como “clases sociales”, “pueblos” o “razas superiores”, argumentando que los colectivos tienen sus propios intereses, aspiraciones, etc. de forma ontológica: para los liberales, desconocer la individualidad de las personas en el sentido de que son ellas quienes actúan, es ignorar la realidad, así como a las personas mismas.

El liberalismo defiende la libertad de las personas, pero para garantizar la libertad de las personas, de que perseguir sus proyectos vitales, el liberalismo cuenta con un marco jurídico[1] basado en:

  • El principio de libertad: este principio nos dice que en cada individuo debe poder determinar por sí mismo cómo actuar a menos que existan poderosas razones para que otro individuo se lo impida; es una presunción a favor de la no agresión, es decir, que cada uno puede hacer lo que desee mientras no inicie el uso de la fuerza contra los demás;
  • El principio de propiedad: la propiedad es esa determinada porción de la realidad material que posibilita nuestra búsqueda de fines particulares, que a su vez son parte de la realización de nuestros proyectos vitales; por tanto, privar al individuo de utilizar su propiedad, conforme la búsqueda de sus fines particulares y la consecución de sus proyectos vitales es transgredir el principio de libertad;
  • El principio de autonomía contractual: los contratos son mecanismos que establecen derechos y obligaciones entre partes para la consecución de fines comunes entre las mismas; los contratos surgen a partir del derecho de propiedad, una norma abstracta universal, simétrica y funcional, y a partir de esa norma universal, se construyen normas particulares mediante contratos entre personas; la generación de contratos entre partes, una vez delimitados los derechos y obligaciones correspondientes, son un mecanismo efectivo para alcanzar fines comunes, ya que, al ser más de uno en la consecución del mismo fin, multiplica las posibilidades de su logro.

 

La psicología evolucionista, es la ciencia que estudia la mente humana en cuanto sistema cognitivo en sentido amplio[2], desde un punto de vista evolutivo. Tiene mucho que decirnos, y es que si queremos conocer la auténtica naturaleza humana, los procesos de selección, los procesos de adaptación o la generación de características que resuelven los problemas entre los seres humanos, se hace necesario recurrir a su estudio. La relación que hay entre la psicología evolucionista y el pensamiento liberal es que, para ambos, la sociedad es un orden muy complejo, evolutivo y adaptativo.

Así pues, los liberales somos realistas porque partimos de la naturaleza humana tal cual es, aceptando que sus capacidades cognitivas humanas son muy limitadas, y es por eso cuando por ejemplo decimos, que regímenes dirigidos por pocos individuos, además de ser poco factible en la realidad, (dado que se sustituye la división del conocimiento de millones individuos por el limitado conocimiento de pocos) son regímenes que después terminan planificando el destino de la sociedad impidiéndonos planificar nuestro propio destino.[3] Que los liberales no ignoremos la realidad de la naturaleza humana, es un hecho patente desde los tiempos de Adam Smith (La Teoría de los Sentimientos Morales) y David Hume (Tratado de la Naturaleza Humana).

Muchas veces también se cree, que el Liberalismo es una utopía, pero lo cierto es que el Liberalismo no es una utopía, sino un marco para las utopías, ya que brinda un marco jurídico esencial que permite convivir y coexisitir a las personas y/o a las diversas formas de organización social (desde los sistemas comunistas hasta las modernas socialdemocracias). Por lo general también se piensa que el Liberalismo se limita al mercado, pero ya vimos que no es así, pues lo que tengamos que decir el mercado, no se podrán realizar sin ese marco jurídico ya señalado. Las instituciones sociales evolutivas imprescindibles para el desarrollo de la civilización como el dinero, el lenguaje, la ley, el mercado, la propiedad privada, etc. son ordenes espontáneos[4], es decir, fruto de la acción humana de una infinidad de personas llevadas a cabo de manera inconsciente, y no dependen del diseño de una o un grupo de personas. A través de un proceso espontáneo y libre de prueba y error, generaciones y generaciones de individuos se van dando cuenta que comportamientos son funcionales y cuales no. Los comportamientos funcionales que cumplen una finalidad son conservados y dan lugar a las instituciones sociales: es así como surge la civilización. Aunque hay mucho que decir sobre el origen de otras instituciones sociales como el dinero, en esta ocasión trataremos otra institución no menos importante como es el mercado, principalmente porque debido a su desconocimiento, los enemigos de la libertad, vierten contra él prejuicios, más que correctas definiciones.

El mercado es una institución evolutiva que se ha desarrollado gracias a la interacción social no deliberada de las personas; el mercado surge basado en la confianza; es un orden sin plan cuyo mecanismo de coordinación es el sistema de precios. El mercado está formado por millones de personas que día a día transmiten información a través de los precios que es lo que les permite coordinarse, no necesita de una mente humana superior que los coordine a través de mandatos coactivos o de ingenieros sociales benevolentes que asignen recursos dados del mercado para conseguir determinada justicia social, primero porque en el mercado los recursos no están dados, el mercado funciona de manera dinámica, no estática, y segundo porque ninguna mente humana superior o ingeniero social conoce realmente las necesidades subjetivas de la gente porque eso es imposible de lograr.

Para concluir, si los liberales defendemos el capitalismo es porque ha demostrado ser el camino más efectivo hacia el progreso humano. El origen del nombre, se lo debemos a Carl Marx, que lo consideraba el peor de todos los sistemas en la historia, el más grande de los males que había caído sobre sobre la humanidad, pero como bien sabemos, la predicción de Marx no se ha cumplido, pues no existen leyes que determinen la historia; por otro lado, la obra más difundida que escribió resultó ser un gigantesco error[5].  Las grandes mejoras sociales traídas por el capitalismo en palabras de Ludwig von Mises:

“… son el resultado de la acumulación de capital; están basadas sobre el hecho que la gente, como norma, no consume todo lo que ha producido, que ahorran – e invierten – una parte. […] Cuando una persona ha ahorrado una cierta suma de dinero —digamos mil dólares— y, en vez de gastarlos, confía estos dólares a un banco o a una compañía de seguros, el dinero va a las manos de un empresario, de un hombre de negocios, permitiéndole embarcarse en un proyecto, en el cual no podría haberse embarcado ayer pues el capital requerido no estaba disponible. ¿Qué hará ahora el hombre de negocios con este capital adicional? La primera cosa que debe hacer, el primer uso que debe hacer de este capital adicional es salir a contratar trabajadores y comprar materias primas, lo cual causa una adicional demanda de trabajadores y materias primas, así como una tendencia hacia más altos salarios y más altos precios de las materias primas. Mucho antes que el ahorrista o el empresario obtengan alguna ganancia de todo esto, el trabajador antes desempleado, el productor de las materias primas, el agricultor, el jornalero, están todos repartiéndose los beneficios del incremento en el ahorro. El momento en el cual el empresario obtendrá algo de su proyecto, depende de las condiciones del mercado en el futuro y de su habilidad en anticipar correctamente esas futuras condiciones del mercado. Pero los trabajadores, así como los productores de materias primas obtienen sus beneficios en forma inmediata.”[6]

Y es por esto que, quienes afirman que el capitalismo se basa en el consumo o en la explotación están profundamente equivocados, primero porque como ya vimos, el capitalismo comienza con el ahorro, es decir, el sacrificio del consumo que será recompensado después; y segundo, porque al ser un proceso, lo que importa es ver la película y no la foto para apreciar los beneficios que nos brinda: pues bien, si miramos la película, resulta que en 200 años fue el sistema de producción que ha sacado de la pobreza a más gente que cualquier otro sistema en millones de años.[7]

 

 

[1] Juan Ramón Rallo – Contra la Renta Básica.

[2]Tanto la razón como las emociones.

[3]Friedrich von Hayek – El Uso del Conocimiento en la Sociedad.

[4]Friedrich von Hayek – Clases de Orden en la Sociedad.

[5]Eugen von Böhm-Bawerk – Una Contradicción no Resuelta en el Sistema Económico Marxista.

[6]Ludwig von Mises – Política Económica.

[7]https://ourworldindata.org/extreme-poverty